Abdala

El amor, madre, a la patria,
no es el amor ridículo a la tierra
ni a la yerba que pisan nuestras plantas.
Es el odio invencible a quien la oprime.
Es el rencor eterno a quien la ataca.

Abdala. José Martí.

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Tú no estabas ahí

No estabas.

Esa noche, tú tenías que estar conmigo, estar a mi lado, encima o debajo. Pero no estabas ahí.

Esa noche, tenías que besarme, acariciarme y susurrarme al oído palabras indecentes. Fundirte en mis labios con un beso eterno y abrazarme hasta hacerme sentir segura. Pero no estabas ahí.

Esa noche, quería arder, quemarme en tu fuego y apagarte después. Rendirme ante tu majestuoso cuerpo que vibra con mi mismo compás. Pero no estabas ahí.

Esa noche, quería no dormir, quería hablar y hacer y dejarme hacer. Ponerme a tus pies, ser tu amante, al menos esa noche. Pero no estabas ahí.

Esa noche, quería amanecer contigo, mirándote, pasando mis dedos por tu pelo, queriéndote aunque sólo fuese por unas horas y que tú hicieras lo mismo. Pero no estabas ahí.

Esa noche fue testigo de todo lo que no pasó. De los besos que no me diste, de los dedos que no rozaron mi cuerpo, del aliento que nunca llegó a mi nuca, del abrazo que no me diste, de las palabras que nunca dijiste, de las miradas que se perdieron, de las sensaciones que nunca tuvimos, de las sonrisas que no dibujaste, del amor que nunca hicimos.

Tú no estabas ahí

Y la verdad, yo tampoco.

La respuesta es NO

No quiero involucrarme mucho contigo.
No quiero hablarte a diario.
No quiero que andes en mi pensamiento.
No quiero acordarme de ti en ningún momento.

Mentira. Sí quiero.
Quiero todo eso y mas. Yo lo quiero todo contigo.

Hablar contigo. Cuando te apetezca, cuando decidas, cuando estés de humor. Cuando me elijas a mí entre tantas otras. Cuando tengas un mal día y necesites desahogarte. Sabes que estoy aquí. Quiero que lo hagas, quiero que lo muestres y lo demuestres.

Pero no debemos. No nos conviene. Acelerar tan rápido nuestra intimidad será nuestra perdición. Porque sabemos que cuando eso pase, estamos jodidos. Nos daremos cuenta que siempre nos hemos hecho falta, que te acordabas de mí cuando te echabas la siesta un día cualquiera. Recordabas mis labios sobre los tuyos y mi sonrisa después de cada frase. Te acordabas de mis ojos, estos tristes, brillantes y negros ojos que miran con tanta intensidad que a penas puedes sostenerme la mirada más de tres segundos. Que cuando lo hice, pusiste tu cara en mi pecho y negaste varias veces con la cabeza rogando que no te mirase así.

No es nuestro momento. Pero lo será. Si tú quieres, si estás dispuesto a ello, si tienes ganas, si vencemos la distancia, el vacío entre los dos. Las situaciones pasan, y eso es lo nuestro, una situación que cambiará tarde o temprano. Quizás, entonces, podamos intentarlo, levantarme contigo y esperar que cada frase que diga, me imites a modo de burla, que me alborotes el pelo, que te metas conmigo para llamar mi atención, que me des un beso en la frente como hiciste aquel día. Quiero todo eso pero multiplicado por mil. Me encantaría tener que soportarlo. Porque aunque tú no lo sepas, yo guardo todos esos recuerdos en mi memoria, esos detalles que no pasan desapercibidos, todos los actos que parecen minúsculos. Para mí, no lo son. Por eso, les hago captura mental y los almaceno en mi memoria.

Porque fuiste tú quien dijo primero que lo querías todo conmigo, que te volvía tan loco que no había más que explicar. Querías enamorme y que yo fuese tu todo, aunque yo no entendiese nada por aquel entonces.

Pero ahora, sólo pienso en lo maravilloso que sería verte a diario, darte cariñitos todas las noches que quieras y hacerte piojitos, que me lo pidas y yo poder complacerte. Porque siento que puedes llegar a hacerme muy feliz. Sé que puedo llegar a sentir mucho por ti. Tanto…que me da miedo sólo imaginarlo. Pero es así. Es lo que provocas en mí. Me encantaría saber qué piensas cuando te hablo, cuando te mando un mensaje, cuando no estoy contigo. Quisiera saber, si me piensas en algún momento del día, si te acuerdas de mí aunque sea un segundo de 24 horas. Cuando no estamos juntos, todo es tan distinto… Y me asalta la duda y me cuestiono todo. Pero eso, yo no te lo digo. Me lo guardo para mí. Te lo he preguntado muchas veces y siempre contestaste que SÍ a todo. Eso me gusta.

Te he estado esperando sin saberlo. Y dicen por ahí:

Cuando alguien te marca, no importa cuántos años pasen, te sigue marcando. Porque, donde hubo fuego, cenizas quedan.

Tú eres mi remedio, mi medicina. Quiero quererte. Todo los días.

Espera

Una foto casual. Una llamada inesperada. Un audio subido de tono. Un mensaje reconfortante. Una señal que indica que todo va bien, que seguimos adelante, nosotros dos.

La espera. La eterna y desgraciada espera.

¿Qué es lo peor?

Pensar en hacer algo para llamar tu atención, y mientras tanto, esperar.